La muerte al otro lado de la cámara
Acodada en la barra o la terraza
me miro desde lejos como dicen
que se miran los que han estado muertos:
un fulgor en el vaso
me resume lo helado de los años.
Vértigo de un rodaje discontinuo,
fotogramas vacíos que huyen.
Eso sí,
gastó el maquillador tiempo y pericia.
Desde esta muerte actriz y fingidora,
la vida es un depósito en penumbra
de máscaras usadas hacia dentro.
Intuición de desierto
Que rocen entre sí la vida y las palabras
como el viento y los dátiles se acarician muy altos.
En raíces o en alas, ¿dónde está la sintaxis
del pronombre y la piel? Me despierta la arena.
¿Y qué fue de Bagdad?
—Paloma de parábola,
¿cómo podré dormir si las dunas avanzan?
Insomnio
La noche desemboca su latido
en un río de noches caudalosas.
Turbio y efervescente,
un minuto es afluente de un minuto.
Aceptas el insomnio como un libro
de páginas sin fondo cuyas letras
resbalan hacia fosas submarinas.
Qué atrocidad vivir, qué enloquecido
temblar en los rincones de las horas.
Si la muerte tuviera guardarropa,
dejaría los guantes del lenguaje
para frotar la nada con los dedos.
Aurora Luque (1962), Carpe noctem, Visor de Poesìa, Madrid, 1994.
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