martes, 31 de marzo de 2026

Miguel de Cervantes / Al túmulo del Rey Felipe II en Sevilla

 

A la muerte del rey Felipe II, el Prudente, se erigió en Sevilla un monumento funerario para celebrar las exequias. Fue especialmente costoso, atiborrado con el lujo de los ornamentos más hermosos imaginables por aquellas mentes desnorteadas tras la caída de la cabeza fundamental del imperio. Su Majestad Felipe falleció el 13 de septiembre de 1598, y ya para el 30 de diciembre del mismo año el complejo aparato ceremonial del túmulo ya había sido desmontado. Allí, a fin de cuentas, rey o no rey, prudente o insensato, yacía apenas el cadáver de un hombre. Cualquier trabajador lo entenderá: sí, sí, hermoso, hermosísimo sin dudas, pero nada más: tomar el sombrero, hacerse con las armas de uno mismo —la espada, sustento de ofensa y defensa—, mirar así de reojo casi como un pretexto, irse, partir, irse a trabajar, irse, y que no haya nada, nada. 108 días es lo que duró el túmulo. Irse.

Cervantes, otro incontinente, incapaz de reducir el poema a la constricción formal de los catorce versos del soneto, debe añadir, en una transgresión de los métodos, un estrambote, el terceto adicional del final. ¿El soneto no basta para abarcar la grandeza del túmulo funerario del rey? En verdad, el soneto resulta insuficiente para expresar que toda esa grandeza fúnebre no vale para nada, pues resulta apenas una formalidad, como las reglas mismas del soneto; por tanto está justificado que ambas deban romperse y destrozarse. En las ruinas sonetinas, el poeta soldado Cervantes, tras haber visto las aguas del mar Jónico tiñiéndose de sangre en Lepanto, elogia las ruinas de la vida. Soslayo, nada, irse.

 

Al Túmulo del Rey Felipe II que se hizo en Sevilla

«¡Voto a Dios que me espanta esta grandeza
y que diera un doblón por describilla!;
porque ¿a quién no suspende y maravilla
esta máquina insigne, esta braveza?

¡Por Jesucristo vivo! Cada pieza
vale más que un millón, y que es mancilla
que esto no dure un siglo, ¡oh, gran Sevilla,
Roma triunfante en ánimo y riqueza!

Apostaré que la ánima del muerto,
por gozar este sitio, hoy ha dejado
el cielo, de que goza eternamente.»

Esto oyó un valentón y dijo: «Es cierto
lo que dice voacé*, seor* soldado,
y quien dijere lo contrario, miente.»

Y luego, encontinente,
caló el chapeo*, requirió la espada,
miró al soslayo, fuese, y no hubo nada.

 

Notas:

*voacé: Cervantes trata de imitar la forma de hablar de los soldados, teniendo buen conocimiento de causa, por supuesto, habiendo sido él mismo soldado en Lepanto, saliendo de allí cautivo —por siempre— y manco. Dice «cuando la forma vos se desgastó como pronombre de respeto, fue sustituida por vuestra merced, que se contrajo en el actual usted, si bien se usaron diversas formas intermedias: vuasted, vusted, voacé...»

*seor: «En el lenguaje hablado del Siglo de Oro podía emplearse señor contraído como seor, sor, so. Esta última forma se ha conservado para intensificar el sentido de palabras insultantes. 

*chapeo:  «sombrero», galicismo proveniente chapeau, literalmente, «sombrero» en francés.

 

 

Miguel de Cervantes Saavedra (Alcalá de Henares, 1547 — Madrid, 1616) 

lunes, 30 de marzo de 2026

Gabriela Mistral / Elogio del cristal



Elogio del cristal

 

El cristal, el cristal búdico, lleno de imágenes y sin imagen suya; el que toma mi rostro y me lo devuelve y que recibe los crepúsculos desenfrenados y no se queda con su sangre; el que lava la lluvia —la lluvia eterna y la tierra sensual— y se queda maravillosamente enjuto. 

El cristal que recoge las formas y que entrega las formas; el cristal con marina, el cristal con el bosque entero en las ventanas, por él suntuosas, de los pobres; el cristal de los vasos en que el vino se cree solo, enderezado en la atmósfera por maravilla, y el agua se piensa en una fuente sin contorno. El cristal que guarda la llama de la lámpara y cuya mejilla no se pone a arder. El cristal siempre alegre como el justo, sin mancha suya, sin lágrimas suyas, cuanto más cargado de la lágrima ajena, inocente como un Abel de la tierra. 

El cristal sin venas para sangre ni anudado de muñecas; el cristal unánime; el cristal que no engruesa ni soporta añadidura suficiente como lo perfecto. 

El cristal, única envidia de mi alma.

El cristal que sirvió al agua en su deseo de permanecer, de quedar en el cuenco de la mano sin traición, de ser leal al ojo que la mira y la amé, como la mujer más leal, y que dio al agua un segundo cuerpo que no se le escape como la saeta, loco de su propio pudor.

El cristal de nuestras ventanas, donde la noche apoya sus manos como una gran hiedra, para ser vista y que no la olvidemos completamente. 

 

El cristal de mi deseo, el cristal que está sentado en medio del fermento de las criaturas y que no hervirá nunca, y nunca será de nadie sino de sí mismo.

El cristal, fresco como una sien siempre fresca, guardado de la vejez desde su primer día, con infancia durable y sin madurez bella y sin madurez fea.

El cristal, descubierto con gozo como un Cristo, por los hombres que después de él no han logrado hallazgo mejor que ese hallazgo.

El cristal que sale siempre imprevisto e inesperado de la mano de los obreros, que sienten un poco de vergüenza de que les salga así de parecido al alma, desde las manos suyas, negras y anudadas. 

Los obreros que hicieron toda su vida cristales, llegaron al cielo y encontraron que era eso mismo que ellos hacían sobre la tierra: un cristal limpio anulado de las distancias, de la grande y de la pequeña y en el que Dios estaba tan lejos y tan cerca que asustaba; ellos, sin saberlo, habían sido atrapados en un cristal tomados con su rostro, sus hombros y sus pies y vieron sus segundos hombros y pies liberados de corrupcion. Ellos viven todavia su asombro de aprender que ellos también eran materia de cristal cuando se movian en el taller echando sombras duras hacia los lados. Los obreros de los cristales recompensados por su mano, que anduvo en el fuego como la salamandra enderezando y acostando crisoles.

Los obreros de los metales Ilegaron a un cielo violento de cobre y estan contentos de su dicha violenta; los obreros de la madera llegaron a un cielo con olor de pino marítimo, sin resonancia, sordo y enjuto y como envejecido. Los obreros de los cristales están mirando desde su cielo los demas: el cielo de cobre, el de pino y todavia los otros. 

 

Gabriela Mistral (Vicuña, 1889 — Nueva York, 1957), de Elogio de las cosas del mundo, Editorial Andrés Bello, 1979. 

domingo, 29 de marzo de 2026

Jorge Luis Borges / Cinco sonetos


 
Religio Medici, 1643 
 
Defiéndeme, Señor. (El vocativo
no implica a Nadie. Es sólo una palabra
de este ejercicio que el desgano labra
y que en la tarde del temor escribo).
Defiéndeme de mí. Ya lo dijeron
Montaigne y Browne y un español que ignoro;
algo me queda aún de todo ese oro
que mis ojos de sombra recogieron.
Defiéndeme, Señor, del impaciente
apetito de ser mármol y olvido;
defiéndeme de ser el que ya he sido,
el que ya he sido irreparablemente.
No de la espada o de la roja lanza
defiéndeme, sino de la esperanza.
 
 
Adam cast forth 
 
¿Hubo un Jardín o fue el Jardín un sueño?
Lento en la vaga luz, me he preguntado,
casi como un consuelo, si el pasado
de que este Adán, hoy mísero, era dueño,

no fue sino una mágica impostura
de aquel Dios que soñé. Ya es impreciso
en la memoria el claro Paraíso,
pero yo sé que existe y que perdura,

aunque no para mí. La terca tierra
es mi castigo y la incestuosa guerra
de Caínes y Abeles y su cría.

Y, sin embargo, es mucho haber amado,
haber sido feliz, haber tocado
el viviente Jardín, siquiera un día.
 
 
Spinoza

Las traslúcidas manos del judío
labran en la penumbra los cristales
y la tarde que muere es miedo y frío.
(Las tardes a las tardes son iguales.)

Las manos y el espacio de jacinto
que palidece en el confín del Ghetto
casi no existen para el hombre quieto
que está soñando un claro laberinto.

No lo turba la fama, ese reflejo
de sueños en el sueño de otro espejo,
ni el temeroso amor de las doncellas.

Libre de la metáfora y del mito
labra un arduo cristal: el infinito
mapa de Aquel que es todas Sus estrellas. 
 
 
Odisea, libro vigésimo tercero

Ya la espada de hierro ha ejecutado
la debida labor de la venganza;
ya los ásperos dardos y la lanza
la sangre del perverso han prodigado.

A despecho de un dios y de sus mares
a su reino y su reina ha vuelto Ulises,
a despecho de un dios y de los grises
vientos y del estrépito de Ares.

Ya en el amor del compartido lecho
duerme la clara reina sobre el pecho
de su rey pero ¿dónde está aquel hombre

que en los días y noches del destierro
erraba por el mundo como un perro
y decía que Nadie era su nombre? 
 
 
Proteo
 
Antes que los remeros de Odiseo
fatigaran el mar color de vino
las inasibles formas adivino
de aquel dios cuyo nombre fue Proteo.
Pastor de los rebaños de los mares
y poseedor del don de profecía,
prefería ocultar lo que sabía
y entretejer oráculos dispares.
Urgido por las gentes asumía
la forma de un león o de una hoguera
o de árbol que da sombra a la ribera
o de agua que en el agua se perdía.
De Proteo el egipcio no te asombres,
tú, que eres uno y eres muchos hombres. 
 
 
Jorge Luis Borges (Buenos Aires, 1899 — Ginebra, 1986), de Poesías completas, Debolsillo, 2018. 
 
 

sábado, 28 de marzo de 2026

Ida Vitale / Ruido


 
Ruido
 
Feroz comienza el ruido que fulmina
tu castillo en palabras comenzado.
Deja de haber misterio descifrado
y buscada respuesta de adivina.
 
A la puerta quizás de la cocina
de algún ángel difícilmente hallado
estabas esperando, en el estado
de quien espera heridos de una mina.
 
Esperabas, sin voz, la gota o nota
que restañara el hilo de tu olvido
para acercarte a la versión remota.
 
Un auto aúlla, un mundo enloquecido
día tras día grita tu derrota.
Cállate ya. Feroz comenzó el ruido. 
 
Ida Vitale (1923), en Léxico de afinidades, Estuario Editora, Montevideo, 2020. 

viernes, 27 de marzo de 2026

Eugenio Montale / La casa de los aduaneros

 

La casa de los aduaneros
 
Tú no recuerdas la casa de los aduaneros
en la elevación inclinada sobre la escollera:
desolada te espera desde la noche
en que entró en ella el enjambre de tus pensamientos
y se detuvo inquieto.

La marejada azota hace años la vieja muralla
y el sonido de tu risa ya no es alegre:
la brújula gira loca a la ventura
y el cálculo de los dados no regresa.
Tú no recuerdas; otro tiempo trastorna
tu memoria; un hilo se devana.

Tengo todavía la punta; pero se aleja
la casa y sobre el techo la ennegrecida
veleta gira sin piedad.
Tengo la punta; pero tú estás sola
casi ni respiras en la oscuridad.

Oh el horizonte en fuga donde se enciende
rara la luz del petrolero.
¿Es este el paso? (Pulula todavía el oleaje
sobre el acantilado que se desploma).
Tú no recuerdas la casa de esta
noche mía. Y yo no sé quién va y quién queda.
 
 
La casa dei doganieri

Tu non ricordi la casa dei doganieri
sul rialzo a strapiombo sulla scogliera: 
desolata t’attende dalla sera 
in cui v’entrò lo sciame dei tuoi pensieri 
e vi sostò irrequieto. 
 
Libeccio sferza da anni le vecchie mura 
e il suono del tuo riso non è più lieto: 
la bussola va impazzita all’avventura 
e il calcolo dei dadi più non torna. 
Tu non ricordi; altro tempo frastorna 
la tua memoria; un filo s’addipana. 
 
Ne tengo ancora un capo; ma s’allontana 
la casa e in cima al tetto la banderuola 
affumicata gira senza pietà. 
Ne tengo un capo; ma tu resti sola 
né qui respiri nell’oscurità. 
 
Oh l’orizzonte in fuga, dove s’accende 
rara la luce della petroliera! 
Il varco è qui? (Ripullula il frangente 
ancora sulla balza che scoscende...) 
Tu non ricordi la casa di questa 
mia sera. Ed io non so chi va e chi resta. 


Eugenio Montale, (Génova, 1891 — Milán, 1981) Le occasioni, 1928-1939, Einaudi, Turín, 1996

jueves, 26 de marzo de 2026

Anne Carson / Nada que hacer

 

 
Nada que hacer

Tu viento vidrioso rompe en la orilla muda y gira alrededor de la rosa.
Mira cómo
antes de una gran nevada,
antes del vacío derramándose de la noche que viene a nosotros,
nuestras lámparas arrojan
siluetas de viejas compañías
y
luego una fría pausa.
Qué cuchillo desolló
esa hora.
Hundió las boyas.
Sopla en lo que fue nuestra casa.
Nada que hacer sólo rema.
 

Nothing for it

Your glassy wind breaks on a shoutless shore and stirs around the rose.
Lo how
before a great snow,
before the gliding emptiness of the night coming on us,
our lanterns throw
shapes of old companions
and
a cold pause after.
What knife skinned off
that hour.
Sank the buoys.
Blows on what was our house.
Nothing for it just row
 
 
Anne Carson (Toronto, 1950), Decreation, Alfred A. Knopf, 2005. Versión de N. Pérez Pérez. 

miércoles, 25 de marzo de 2026

Edgar Bayley / Dos poemas

 

 
 
es infinita esta riqueza abandonada
 
esta mano no es la mano ni la piel de tu alegría
al fondo de las calles encuentras siempre otro cielo
tras el cielo hay siempre otra hierba playas distintas
nunca terminará es infinita esta riqueza abandonada
nunca supongas que la espuma del alba se ha extinguido
después del rostro hay otro rostro
tras la marcha de tu amante hay otra marcha
tras el canto un nuevo roce se prolonga
y las madrugadas esconden abecedarios inauditos islas remotas
siempre será así
algunas veces tu sueño cree haberlo dicho todo
pero otro sueño se levanta y no es lo mismo
entonces tú vuelves a las manos al corazón de todos de cualquiera
no eres el mismo no son los mismos
otros saben la palabra tú la ignoras
otros saben olvidar los hechos innecesarios
y levantan su pulgar han olvidado
tú has de volver no importa tu fracaso
nunca terminará es infinita esta riqueza abandonada
y cada gesto cada forma de amor o de reproche
entre las últimas risas el dolor y los comienzos
encontrará el agrio viento y las estrellas vencidas
una máscara de abedul presagia la visión
has querido ver
en el fondo del día lo has conseguido algunas veces
el río llega a los dioses
sube murmullos lejanos a la claridad del sol
amenazas
resplandor en frío

no esperas nada
sino la ruta del sol y de la pena
nunca terminará es infinita esta riqueza abandonada 
 
 
mi amada estanque azul huerto cabellos

fulgurante viva fluvial origen buscada reencontrada
como un islote un puente una manzana un tatuaje
en la noche hendida en la marmita en la estrella marina
en la mano párpado llamado reflejo de mi amada
en forma de estanque azul
de miel
de estornino
de gota de agua
de cabellos
regresamos una y otra vez al centro del fuego
del dolor
del huerto
la distancia la desgarrada higuera
y eternamente otra y eternamente igual
en la corriente en el llanto
salitre otoño alba rota soledad escondido silencio brisa furia
años sombra desventurado niño simiente
paredes de olvido lluvia y grito y casa
roja estancia andenes
te doblegas te curvas en tu fiebre antigua en tu costado
los dos solos devorando toda noche toda celda
súbito amanecer canal del sueño
lengua que disuelvo en mi silencio en mis dos puertos
tibio cuerpo llegada partida del mar polo irremediable
sin memoria sin nombre
abierto al dios que nos recrea
en cada espasmo de labios azules de piedras azules
en la nuca en la espuma en el purísimo rescoldo
desciendo al día primero a la primera mañana al aviso inicial
por tus ojos por tu boca por tu sexo penetro me despido
pierdo altura razón vidamuerte te tomo me disuelvo
y otra vez te amo soy el día cerca de tus hojas
un río una voz 
 
Edgar Bayley (Buenos Aires 1919 — Buenos Aires, 1990), Antología poética, FCE, 2015.

lunes, 23 de marzo de 2026

René Char / Argumento

 


Argumento
                             
                            1938 
 
El hombre huye de la asfixia.
El hombre, cuyo apetito, que desborda la imaginación, se calafatea sin terminar de aprovisionarse, de liberará por las manos, ríos en súbita crecida.
El hombre que se despunta en la premonición, que tala su silencio interior y le reparte en teatros, este segundo es el hacedor de pan.
Para unos, la prisión y la muerte. Para los otros, la trashumancia del Verbo.
Desbordar la economía de la creación, acrecentar la sangre de los gestos, deber de toda luz.
Asimos la argolla a que están encadenados, uno al lado del otro, el ruiseñor diabólico, por una parte, y la llave angélica, por otra.
Sobre las crestas de nuestra amargura se adelanta la aurora de la conciencia y deposita su limo.
Sazón. Una dimensión atraviesa el fruto de la otra. Dimensiones adversarias.
Desterrado de la yunta y de las bodas, bato el hierro de los cierres invisibles. 
 
René Char (L'Isle-sur-la-Sorgue, 1907 — París, 1988), de Furor y misterio, versión conjunta de Santiago González Noriega y Catalina Gallegos Beuter publicada por Visor, 1979.
 
Argument
                     
                            1938     
 
L'homme fuit l'asphyxie.
L'homme dont l'appetit hors de !'imagination se calfeutre sans finir de s'approvisionner, se delivrera par les mains, rivieres soudainement grossies.
L'homme qui s'epointe clans la premonition, qui deboise son silence interieur et le repartit en theatres, ce second c'est le faiseur de pain.
Aux uns la prison et la mort. Aux autres la transhumance du Verbe.
Deborder l'economie de la creation, agrandir le sang des gestes, devoir de toute lumiere.
Nous tenons l'anneau OU sont enchaines cote acote, d'une part le rossignol diabolique, d'autre part la de angelique.
Sur les aretes de notre amertume, l'aurore de la conscience s'avance et depose son limon.
Aoutement. Une dimension franchit le fruit de l'autre. Dimensions adversaires. Deporte de l'attelage et des noces, je bats le fer des fermoirs invisibles. 
 

domingo, 22 de marzo de 2026

Cristina Campo / Un poema

 


Quedó allá, cálida, la vida,
el aire color de mis ojos, el tiempo
en que ardían en el fondo de cada viento
manos vivas, buscándome...

Quedó la caricia que no encuentro.
sino entre dos sueños, mi infinita
sabiduría hecha pedazos. Y tú, palabra
que transmutabas la sangre en lágrimas.

Ni siquiera llevo una cara
conmigo, ya convertida en otra cara
como esfera en el vino y consumida
en los enendidos silencios...

                                            Vuelvo sola
entre dos sueños, allá veo el olivo
rosado sobre las tinajas llenas de agua y luna
del largo invierno. Vuelvo a ti que te hielas

en mi leve túnica de fuego

Cristina Campo (Bolonia, 1923 — Roma, 1977), versión de Jorge Aulicino, publicada en Otra iglesia es imposible; poema originalmente editado en La Tigre Assenza, Adelphi, Milán, 1991.

È rimasta laggiù, calda, la vita,
l’aria colore dei miei occhi, il tempo
che bruciavano in fondo ad ogni vento
mani vive, cercandomi…

Rimasta è la carezza che non trovo
più se non tra due sonni, l’infinita
mia sapienza in frantumi. E tu, parola
che tramutavi il sangue in lacrime.

Nemmeno porto un viso
con me, già trapassato in altro viso
come spera nel vino e consumato
negli accesi silenzi…

                                    Torno sola
tra due sonni laggiù, vedo l’ulivo
roseo sugli orci colmi d’acqua e luna
del lungo inverno. Torno a te che geli

nella mia lieve tunica di fuoco
 

sábado, 21 de marzo de 2026

Gherasim Luca / Passionnément

 
Passionnément
  

pas pas paspaspas pas
pasppas ppas pas paspas
le pas pas le faux pas le pas
paspaspas le pas le mau
le mauve le mauvais pas
paspas pas le pas le papa
le mauvais papa le mauve le pas
paspas passe paspaspasse
passe passe il passe il pas pas
il passe le pas du pas du pape
du pape sur le pape du pas du passe
passepasse passi le sur le
le pas le passi passi passi pissez sur
le pape sur papa sur le sur la sur
la pipe du papa du pape pissez en masse
passe passe passi passepassi la passe
la basse passi passepassi la
passio passiobasson le bas
le pas passion le basson et
et pas le basso do pas
paspas do passe passiopassion do
ne do ne domi ne passi ne dominez pas
ne dominez pas vos passions passives ne
ne domino vos passio vos vos
ssis vos passio ne dodo vos
vos dominos d’or
c’est domdommage do dodor
do pas pas ne domi
pas paspasse passio
vos pas ne do ne do ne dominez pas
vos passes passions vos pas vos
vos pas dévo dévorants ne do
ne dominez pas vos rats
pas vos rats
ne do dévorants ne do ne dominez pas
vos rats vos rations vos rats rations ne ne
ne dominez pas vos passions rations vos
ne dominez pas vos ne vos ne do do
minez minez vos nations ni mais do
minez ne do ne mi pas pas vos rats
vos passionnantes rations de rats de pas
pas passe passio minez pas
minez pas vos passions vos
vos rationnants ragoûts de rats dévo
dévorez-les dévo dédo do domi
dominez pas cet a cet avant-goût
de ragoût de pas de passe de
passi de pasigraphie gra phiphie
graphie phie de phie
phiphie phéna phénakiki
phénakisti coco
phénakisticope phiphie
phopho phiphie photo do do
dominez do photo mimez phiphie
photomicrographiez vos goûts
ces poux chorégraphiques phiphie
de vos dégoûts de vos dégâts pas
pas ça passio passion de ga
coco kistico ga les dégâts pas
le pas pas passiopas passion
passion passioné né né
il est né de la né
de la néga ga de la néga
de la négation passion gra cra
crachez cra crachez sur vos nations cra
de la neige il est il est né
passioné né il est né
à la nage à la rage il
est né à la né à la nécronage cra rage il
il est né de la né de la néga
néga ga cra crachez de la né
de la ga pas néga négation passion
passionné nez pasionném je
je t’ai je t’aime je
je je jet je t’ai jetez
je t’aime passionném t’aime
je t’aime je je jeu passion j’aime
passionné éé ém émer
émerger aimer je je j’aime
émer émerger é é pas
passi passi éééé ém
éme émersion passion
passionné é je
je t’ai je t’aime je t’aime
passe passio ô passio
passio ô ma gr
ma gra cra crachez sur les rations
ma grande ma gra ma té
ma té ma gra
ma grande ma té
ma terrible passion passionnée
je t’ai je terri terrible passio je
je je t’aime
je t’aime je t’ai je
t’aime aime aime je t’aime
passionné é aime je
t’aime passioném
je t’aime
passionnément aimante je
t’aime je t’aime passionnément
je t’ai je t’aime passionné né
je t’aime passionné
je t’aime passionnément je t’aime
je t’aime passio passionnément
 
Gherasim Luca (Bucarest, 1913 — París, 1994),  en Le chant de la carpe, Paris, José Corti, 1986.
 

viernes, 20 de marzo de 2026

Marguerite Youcenar / Sirenas



Sirenas

Con risas sordas, gruñidos y sollozos, las hijas del mar
pelean y se abrazan entre negros peñascos,
peinan sus cabelleras relucientes en la sombra
y arrastran, taciturnas, su ondulante piel por la playa

A su lado se bañan anguilas viajeras,
ágiles cachalotes y un oso-niño color de nieve;
el fuego de sus ojos se aviva y se extingue,
trémulo faro sobre las olas, provocando el naufragio.

Sus cuerpos de ámbar y de leche toman la forma de las olas;
en la amarga niebla que el mar exhala, el incierto deseo,
el pesar, el terror y la esperanza condensan la noche.

Y los náufragos, mecidos blandamente sobre la garganta
donde todo zozobra, paladean en la oscura inmensidad
el cálido amor que esconde la muerte en la entraña del agua.
 
Marguerite Yourcenar (Bruselas, 1903 — Bar Harbor, EEEUU, 1987), versión de Humberto Saldaña Pico para Material de Lectura de la UNAM.
 
Sirènes

Avec des rires sourds et de grondants sanglots,
Les filles de la mer se battent ou s’étreignent,
Et leurs cheveux luisants que dans l’ombre elles peignent
Traînent, fourrure sombre, au pied des noirs îlots.

L’anguille voyageuse et les vifs cachalots,
L’ourson couleur de neige à leur côté se baignent;
Et les feux de leurs yeux s’allument et s’éteignent,
Fanal de naufrageur qui tremble sous les flots

Leurs corps d’ambre et de lait ont la forme des vagues;
Les regrets, les terreurs, l’espoir, les désirs vagues,
Se condensent la nuit dans le brouillard amer.

Et, bercés mollement sur la gorge où tout sombre,
Les morts, coulés à pic, vont savourer dans l’ombre
Tout l’amour contenu dans la mort et la mer.
 

jueves, 19 de marzo de 2026

Gilberto Owen y Mario Santiago Papasquiaro / Sin timón y en el delirio

 

Es ya el cielo...

Es ya el cielo. O la noche. O el mar que me reclama
con la voz de mis ríos aún temblando en su trueno,
sus mármoles yacentes hechos carne en la arena,
y el hombre de la luna con la foca del circo,
y vicios de mejillas pintadas en los puertos,
y el horizonte tierno, siempre niño y eterno.
Si he de vivir, que sea sin timón y en delirio.
 
Gilberto Owen (El Rosario, Sinaloa, 1904 — Filadelfia, 1952)
 
 
 
 
Si he de vivir que sea sin timón & el delirio

Envuelto en el poncho—pelos de simio del amor
la extristeza & el exfrío me pelan me salsaborrachean
el lote baldío (mis clarasoles) la risotada—moridor
         de mis banquetas
La ciudad: mi ciudad ayer tan garra / antier tan coágulo
se licua se altamarea se coralina —despegando como 1 guanaco o 1
    rompe—vientos con speed
por mis alas cosquilleantes planicies submarinas—
& no me pregunten qué agujeros qué agujetas
qué rabos con sarna qué anos chupados
mandrilean monoarañan gotean su buche sus cantigas
su lacrimal asombro (danzaevientre)
como 1 pequeña mano de hada
jugando al hidroavión en mis testículos
 
Envuento en el poncho—dientes de niño del amor
me llevo el labio la recua de mulas del tequila a la cabeza
hoy podría hablar de líbido & cognacs / de ovnis & carrozas
de las luces de bengala de la Piaf de los radares inalámbricos del pene
 
estoy que trazo un triángulo perfecto sin ayuda de manos & de pies
aunque es de noche invitoa 1 toque de diana a mi vejiga
 
las palabras me dan risa (sus manchitas sus paperas)
 
más calientes más cinéticos los vellos—lagartijos de mi niña
el zafado agú—dadá de sus cosquillas
la silla eléctrica la quemo ahorita mismo con caricias
no me vengan / no me vengan que el tarot & los pozos sin cubeta
    de mis manos
 
(¿era yo era yo ese muerto que remaba rayo abajo?)
no me vengan no me vengan ahoritita que me da vueltas la coraza
jamasito había masticado esas gotitas—chilepiquín de rechupete
              llamadeamorviva más sabrosa
hoy las cumbias me parecen nietzchenísimas
& los perros callejeros antílopes del congo
licifer & mickjagger me cantan —suavedúo—canciones de placer
& travesura
& puede ser & puede ser que mañanita al cielo se le olvides
              su arte sus maromas
pero hoy me dejo guiar por el colmillo & la caudalosa alegría de mis pirañas
envuelto en las pieles selvas pulpas laberintos nada rituales dela mor
enciendo la luz dejo abierta la llave del agua afino el trino
                   afilo el pico
acaricio las axilas ageométricas de mis nuevos domicilios 
 
Mario Santiago Papasquiaro (Ciudad de México, 1953 — Ciudad de México, 1998) 

miércoles, 18 de marzo de 2026

Magda Portal / Canto proletario


Canto proletario

“la vida es de los felices”
amanece en todos los pregones callejeros
rueda la mañana sobre el asfalto de
la tierra ululante y caliente

al extremo de la ciudad
los árboles saludan al obrero
con sus ramas estremecidas
por la alegría del viento vagabundo
el gran libertario

como un dolor sigue la sombra
la silueta del hombre
que desemboca en la ancha
puerta de la fábrica
allí        el humano acecido de las máquinas
el gemido de las poleas
bajo la presión del pensamiento humano

balcones a la eternidad
los ojos siguen la labor constructora
i toda la fábrica es una sola
maquinaria de empuje formidable
como un titánico organismo
que mueve “el motor maravilloso”
de los cerebros de 100 hombres unidos
¡el hermoso espectáculo del cerebro
i el músculo en acción!

el sudor decora la cara
como otra sonrisa
que se tuesta en los labios apretados

de anhelo
la fábrica lo es todo:
la ESPERANZA i la CÁRCEL

Todos los días son MAÑANA
para el obrero que los lleva apretados
al corazón
            como la imagen de la madre

¡ L I B E R T A D !
            ¡estandarte del Hombre!

el Sol espera la salida de la fábrica
desde el horizonte sus anchos brazos de luz
saludan el dolor del obrero
     
        vencedor de la Vida

 

Magda Portal (Lima, 1900 — Lima 1989), de Obra poética completa, FCE, 2010. 

martes, 17 de marzo de 2026

Julio Herrera y Reissig / Tertulia lunática


 
Tertulia lunática 
 
                I

                    Vesperas
                    Jam sol recedit igneus...

                    (Ya se retira el sol de fuego)

En túmulo de oro vago,
cataléptico fakir,
se dio el tramonto a dormir
la unción de un nirvana vago...
Objetivase el aciago
suplicio de pensamiento
y como un remordimiento
pulula el sordo rumor
de algún pulverizador
de músicas de tormento.

El cielo abre un gesto verde,
y ríe el desequilibrio
de un sátiro de ludibrio
enfermo de absintio verde...
En hipótesis se pierde
el horizonte errabundo,
y el campo meditabundo
de informe turbión se puebla,
como que todo es tiniebla
en la conciencia del Mundo.

Ya las luciérnagas –brujas
del joyel de Salambó–
guiñan la “marche aux flambeaux”
de un aquelarre de brujas...
Da nostalgias de Cartujas
el ciprés de terciopelo,
y vuelan de tu pañuelo,
en fragantes confidencias,
interjecciones de ausencias
y ojeras de ritornelo.

Todo es póstumo y abstracto
y se intiman de monólogos
los espíritus ideólogos
del Incognoscible Abstracto...
Arde el bosque estupefacto
en un éxtasis de luto,
y se electriza el hirsuto
laberinto del proscenio
con el fósforo del genio
lóbrego de lo Absoluto.

Todo suscita el cansancio
de algún país psicofísico
en el polo metafísico
de silencio y de cansancio...
Un vaho de tiempo rancio
historia la unción plenaria,
y cunde, ante la arbitraria
lógica de la extensión
la materialización
del ánima planetaria.

Del insonoro interior
de mis oscuros naufragios,
zumba, viva de presagios
la Babilonia interior...
Un pitagorizador
horoscopa de ultra-noche,
mientras, en auto-reproche
de contricciones estáticas,
rondan las momias hieráticas
del Escorial de la Noche.

Fuegos fatuos de exorcismo
ilustran mi doble vista,
como una malabarista
mutilación de exorcismo...
Lo Subconsciente del mismo
Gran Todo me escalofría
y en la multitud sombría
de la gran tiniebla afónica
fermenta una cosmogónica
trompeta de profecía.

Tal en un rapto de nieve
se aguza la ermita gótica,
y arriba la aguja hipnótica
enhebra estrellas de nieve...
El bosque en la sombra se mueve
fantásticos descalabros,
y en los enebros macabros
blande su caña un pastor,
como un lego apagador
de tétricos candelabros.

Duerme, la oreja en acecho,
como un lobo montaraz
el silencio suspicaz
del precipicio en acecho...
Frunce el erial su despecho,
mientras disuelve y rehúsa
el borbollón de la esclusa
monólogos de esquimal,
en gárgaras de cristal
y euforias de cornamusa.

Adarga en ristre, el sonámbulo
molino metaforiza
un Don Quijote en la liza,
encabalgado y sonámbulo...
Tortura el humo un funámbulo
guiñol de caleidoscopio
y hacia la noche de opio
abren los pozos de Ciencia
el ojo de una conciencia
profunda de espectroscopio.

Sobre la torre, enigmático,
el búho de ojos de azufre,
su canto insalubre sufre
como un muecín enigmático...
Ante el augurio lunático,
capciosa, espectral, desnuda,
aterciopelada y muda,
desciende en su tela inerte,
como una araña de muerte,
la inmensa noche de Buda...


                II

                    Ad completorium

En un bostezo de horror,
tuerce el estero holgazán
su boca de Leviatán
tornasolada de horror...
Dicta el Sumo Redactor
a la gran Sombra Profeta,
y obsediendo la glorieta,
como una insana clavija,
rechina su idea fija
la turbadora veleta.

Ríe el viento confidente
con el vaivén de su cola
tersa de gato de Angola,
perfumada y confidente...
El mar inauditamente
se encoge de sumisión
y el faro vidente, en son
de taumaturgas hombrías,
traduce al torvo Isaías
hipnotizando un león.

Estira aplausos de ascua
la hoguera por los establos:
rabiosa erección de diablos
con tenedores en ascua...
Un brujo espanto de Pascua
de Marizápalo asedia,
y una espectral Edad Media
danza epilepsias abstrusas,
como un horror de Medusas
de la Divina Comedia.

En una burla espantosa,
el túnel del terraplén
bosteza como Gwynplaine
su carcajada espantosa...
Hincha su giba la unciosa
cúpula, y con sus protervos
maleficios de hicocervos,
conjetura el santuario
el mito de un dromedario
carcomido por los cuervos.

Las cosas se hacen facsímiles
de mis alucinaciones
y son como asociaciones
simbólicas de facsímiles...
Entre humos inverosímiles
alinea el cañaveral,
con su apostura marcial
y sus penachos de gloria,
las armas de la victoria
en un vivac imperial.

Un arlequín tarambana,
con un toc-toc insensato,
el tonel de Fortunato
bate en mi sien tarambana...
Siento sorda la campana
que en mi pensamiento intuye;
en el eco que refluye,
mi voz otra voz me nombra;
¡y hosco persigo en mi sombra
mi propia entidad que huye!

La realidad espectral
pasa a través de la trágica
y turbia linterna mágica
de mi razón espectral...
Saturno infunde el fatal
humor bizco de su influjo
y la luna en el reflujo
se rompe, fuga y se integra
como por la magia negra
de un escamoteo brujo.

En la cantera fantasma,
estampa Doré su mueca
fosca, saturniana y hueca,
de pesadilla fantasma...
En el Cementerio pasma
la Muerte un zurdo can-can;
ladra en un perro Satán,
y un profesor rascahuesos
trabuca en hipos aviesos
el Carnaval de Schumann.


                III

                    Avernus

Tú que has entrado en mi imperio
como feroz dentellada,
demonia tornasolada
con romas garras de imperio,
¡infiérname en el cauterio
voraz de tus ojos vagos
y en tus senos que son lagos
de ágata en cuyos sigilos
vigilan los cocodrilos
réprobos de tus halagos!

Consustanciados en fiebre,
amo, en supremas neurosis,
vivir las metempsicosis
vesánicas de tu fiebre...
¡Haz que entre rayos celebre
su aparición Belcebú,
y tus besos de cauchú
me sirvan sus maravillas,
al modo que las pastillas
del Hada Pari-Banú!

Lapona Esfinge: en tus grises
pupilas de opio, evidencio
la Catedral del Silencio
de mis neurastenias grises...
Embalsamados países
de ópalo y de ventiscos
bruma el esplín de sus discos,
en cuyos glaciales bancos
adoran dos osos blancos
a los Menguantes ariscos.

En el Edén de la inquieta
ciencia del Bien y del Mal,
mordí en tu beso el fatal
manzano de carne inquieta...
Tu cabellera violeta
denuncia su fronda inerte,
mi brazo es el dragón fuerte
y los frutos delictuosos
tus inauditos y briosos
senos que me dan la muerte!

Carnívora paradoja,
funambulesca Danaida,
esfinge de mi Tebaida
maldita de paradoja...
Tu miseria es de una roja
fascinación de impostura,
¡y arde el cubil de tu impura
y artera risa de clínica,
como un incesto en la cínica
máscara de la Locura!...


                IV

                    Et noctem quietam concedet Dominus...

Canta la noche salvaje
sus ventriloquias de Congo,
en un gangoso diptongo
de guturación salvaje...
La luna muda su viaje
de astrólogo girasol,
y olímpico caracol,
proverbial de los oráculos,
hunde en el mar sus tentáculos,
hipnotizado de Sol.

Sueña Rodenbach su ambigua
quimera azul, en la bruma;
y el gris surtidor empluma
su frivolidad ambigua...
Allá en la mansión antigua
la noble anciana, de leda
cara de esmalte, remeda
–bajo su crespo algodón–
el copo de una ilusión
envuelto en papel de seda.

En la abstracción de un espejo
introspectivo me copio
y me reitero en mí propio
como en un cóncavo espejo...
La sierra nubla un perplejo
ritus de tormenta mómica,
y en su gran página atómica
finge el cielo de estupor
el inmenso borrador
de una música astronómica.

Con insomnios de neuralgia
bosteza el reloj: la una;
y el parque alemán de luna
sufre una blanca neuralgia...
Ronca el pino su nostalgia
con latines de arcipreste;
y es el molino una agreste
libélula embalsamada,
en un alfiler picada
a la vitrina celeste.

Un leit-motiv de ultratumba
desarticula el pantano,
como un organillo insano
de un carrusel de ultratumba...
El Infinito derrumba
su interrogación huraña,
y se suicida, en la extraña
vía láctea, el meteoro,
como un carbunclo de oro
en una tela de araña.


                V

¡Oh negra flor de Idealismo!
¡Oh hiena de diplomacia,
con bilis de aristocracia
y lepra azul de idealismo!...
Es un cáncer tu erotismo
de absurdidad taciturna,
y florece en mi saturna
fiebre de virus madrastros,
como un cultivo de astros
en la gangrena nocturna.

Te llevo en el corazón,
nimbada de mi sofisma,
como un siniestro aneurisma
que rompe mi corazón...
¡Oh Monstrua! ¡Mi ulceración
en tu lirismo retoña,
y tu idílica zampoña
no es más que parasitaria
bordona patibularia
de mi celeste carroña!

¡Oh musical y suicida
tarántula abracadabra
de mi fanfarria macabra
y de mi parche suicida!
–¡Infame! ¡En tu desabrida
rapacidad de perjura,
tu sugestión me sulfura
con el horrendo apetito
que aboca por el Delito
la tenebrosa locura!


                VI

                    Officium tenebrarum

Tal como en una capilla
ardiente de hiperestesia,
entre grillos de anestesia,
tiembla la noche en capilla...
Un gato negro en la orilla
del cenador de bambú,
telegrafía una cu
a Orión que le signa un guiño,
y al fin estrangula un niño
improntu hereje en miaú!

La luna de plafón chino
prestidigita en su riesgo,
la testa truncada al sesgo
de algún Cuasimodo chino...
Sangra un puñal asesino
en la encrucijada obtusa;
y cual Tornera Reclusa,
abre –entre sordos cuidados–
las puertas, con solapados
llavero agrios, la Intrusa!

Su hisopo sacramental
vierte en el lago amatista,
el sauce como un Bautista
en gesto sacramental...
¡Diverge un fauno invernal
el símbolo de sus cuernos,
y con sulfuros internos
riela el charco de disturbio,
como un tragaluz del turbio
sótano de los Avernos!

En el Coro de la Noche
cárdena del otro mundo,
retumban su “De Profundo”
los monjes de media noche...
Desde el púlpito, un fantoche
cruje un responso malsano,
y se adelanta un Hermano,
y en cavernosas secuencias
le rinde tres reverencias
con la cabeza en la mano.

Eriza la insidia sorda
del bituminoso piélago,
Caronte, con el murciélago
de su barca –vela sorda...
En las riberas aborda
el desgreñado turbión,
¡y como la interjección
de un rayo sobre la Nada,
se raja la carcajada
estridente de Plutón!...


                VII

                    Numen

Mefistófela divina,
miasma de fulguración,
aromática infección
de una fístula divina...
¡Fedra, Molocha, Caína,
cómo tu filtro me supo!
¡A ti –¡Santo Dios!– te cupo
ser astro de mi desdoro:
yo te abomino y te adoro
y de rodillas te escupo!

Acude a mi desventura
con tu electrosis de té,
en la luna de Astarté
que auspicia tu desventura...
Vértigo de ensambladura
y amapola de sadismo:
¡yo sumaré a tu guarismo
unitario de Gusana
la equis de mi Nirvana
y el cero de mi ostracismo!

Carie sórdida y uremia,
felina de blando arrimo,
intoxícame en tu mimo
entre dulzuras de uremia...
Blande tu invicta blasfemia
que es una garra pulida,
y sórbeme por la herida
sediciosa del pecado,
como un pulpo delicado,
“¡muerte a muerte y vida a vida!”

Clávame en tus fulgurantes
y fieros ojos de elipsis,
y bruña el Apocalipsis
sus músicas fulgurantes...
¡Nunca! ¡Jamás! ¡Siempre! ¡Y Antes!
¡Ven, antropófaga y diestra,
Escorpiona y Clitemnestra!
¡Pasa sobre mis arrobos,
como un huracán de lobos
en una noche siniestra!

¡Yo te excomulgo, Ananké!
Tu sombra de Melisendra
irrita la escolopendra
sinuosa de mi ananké...
eres hidra en Salomé,
en Brenda panteón de bruma,
tempestad blanca en Satzuma,
en Semíramis carcoma,
danza de vientre en Sodoma
y páramo en Olaluma!

Por tu amable y circunspecta
perfidia y tu desparpajo,
hielo mi cuello en el tajo
de tu traición circunspecta...
¡Y juro, por la selecta
ciencia de tus artimañas,
que irá con risas hurañas
hacia tu esplín cuando muera,
mi galante calavera
a morderte las entrañas!...

lunes, 16 de marzo de 2026

Circe Maia / Tres poemas

 



Hilos 

«Alguien, a quien jamás he conocido
visita una ciudad que ya no existe.
Sobre mi corazón suenan sus pasos»
(Cita de autor desconocido).

Nadie está suelto. Nadie solo.
Ni el más lejano.
Ni el que visita una ciudad desconocida
y que ahora está en ruinas.
Un visitante también desconocido.
Y sin embargo
desde allí llega un hilo delgadísimo
al que estamos atados.

¿Cómo será?

¿Será posible que uno esté escribiendo
por ejemplo, esta frase, y nos quede inconclusa?
«Tú no verás caer la última gota
que en la clepsidra tiembla».
No veremos entonces el momento
previo, el momento
último. Caerá el papel,
la taza de café, o lo que sea.
O tal vez no.
Podría ser la velita que se apaga
imperceptiblemente
sin que ninguna puerta se cierre
y ninguna se abra.

Imágenes: II

Verde-luz. Verde-sombra.
Sobre hojas al sol, verde translúcidas
se recorta la sombra de otras hojas.

Esa sombra no es negra. Es verde oscuro.
En la pared hay otras dualidades, pero
la pared no es totalmente blanca
y la sombra tampoco es tan negra.

No se oponen en forma tajante.
Conviven al moverse
y aún si no se mueven.

Nada es la Nada, que no puede pensarse
y tampoco es el Ser resplandeciente.
Pero todo sugiere
una imposible luz perfecta
y debajo
tinieblas.

 

domingo, 15 de marzo de 2026

Bertolt Brecht / Tiempos difíciles o Tiempos duros


 

Tiempos difíciles

Sentado en mi escritorio
veo, por la ventana, el arbusto en el jardín
y reconozco en él algo rojo y algo negro
y de pronto recuerdo las frambuesas
de mi infancia en Augsburgo.
Durante varios minutos considero
muy seriamente si debería alzarme de la mesa
y recoger mis gafas, para poder volver a ver
las frambuesas negras en las ramillas rojas.

Tiempos duros

De pie en mi escritorio
veo al otro lado de la ventana del jardín la mata de saúco
y reconozco en ella algo rojo y algo negro,
y me acuerdo de repente del saúco
de mi infancia de Ausburgo.
Durante algún minuto
pienso con toda seriedad si debo ir hasta la mesa
a recoger mis gafas para ver
todavía las bayas negras sobre las ramas rojas.


Bertolt Brecht (Augsburgo, 1898 — Berlín Este, 1956); la primera versión pertenece a Ángel Ferrero y fue extraída de sinpermiso.com; la segunda aparece citada por Calasso en Los cuarenta y nueve escalones, al final del ensayo «Brecht el censor», la traducción pertenece a los editores de Anagrama, poco y nada más se sabe al respecto.

Schwierige Zeiten

Stehend an meinen Schreibpult
Sehe ich durchs Fenster im Garten den Holunderstrauch
Und erkenne darin etwas Rotes und etwas Schwarzes
Und erinnere mich plötzlich des Holders
Meiner Kindheit in Augsburg.
Mehrere Minuten erwäge ich
Ganz ernsthaft, ob ich zum Tische gehn soll
Meine Brille holen, und wieder
Die schwarzen Beeren an den roten Zweiglein zu sehen.

sábado, 14 de marzo de 2026

Denise Levertov / La tercera dimensión

 


 
La tercera dimensión 

Quién me creería si
dijera: “Me agarraron y

hendieron desde
el cuero cabelludo hasta la pelvis, y

todavía estoy viva, y
me paseo contenta

de sol y todas
las dádivas del mundo”. La honestidad

no es tan simple:
la simple honestidad no es

sino una mentira.
¿No esconden los árboles

el viento entre
sus hojas y

hablan con susurros?
La tercera dimensión

se esconde.
Si los picapedreros

parten piedras, las
piedras son piedras:

pero el amor
me partió en dos

y estoy
viva para

contar el cuento; pero no
honestamente:

las palabras
cambian las cosas. Deja que sea

–aquí, bajo el dulce sol–
una ficción, mientras yo

respiro y
cambio el paso.

 

Denise Levertov (Ilford, Inglaterra, 1923 — Seattle, 1997); versión de Alberto Girri e Irene Gruss, usada por ésta última como epígrafe de su gran poemario En el brillo de uno en el vidrio de uno.

Entrevista a Levertov publicada en el blog de Gruss, "El mundo incompleto"



The Third Dimension

Who’d believe me if
I said, ‘They took and

split me open from
scalp to crotch, and

still I’m alive, and
walk around pleased with

the sun and all
the world’s bounty.’ Honesty

isn’t so simple:
a simple honesty is

nothing but a lie.
Don’t the trees

hide the wind between
their leaves and

speak in whispers?
The third dimension

hides itself.
If the roadmen

crack stones, the
stones are stones:

but love
cracked me open

and I’m
alive to

tell the tale —but not
honestly:

the words
change it. Let it be —
here in the sweet sun— 

a fiction, while I
breathe and

change pace. 





viernes, 13 de marzo de 2026

Constantino Cavafis / Esperando a los bárbaros

Esperando a los bárbaros

—¿A qué esperamos congregados en la plaza?
 
    Es que hoy llegan los bárbaros.
 
—¿Por qué hay tan poca actividad en el Senado?
¿Por qué los senadores —sentados— no legislan?
 
    Porque hoy llegan los bárbaros.
    ¿Qué leyes dictarían ya los senadores?
    Cuando lleguen las dictarán los bárbaros.
 
—¿Por qué el emperador se ha levantado tan temprano
y en la puerta principal de la ciudad está sentado
tan solemne, en su trono, y coronado?
 
    Porque hoy llegan los bárbaros.
    Y nuestro emperador está esperando para
    recibir a su jefe. Incluso ha preparado
    un pergamino para él. Y en él le ha conferido
    nombramientos y títulos sin cuento.
 
—¿Por qué nuestros dos cónsules y los pretores han salido
hoy con sus togas recamadas de púrpura?
¿Por qué esos brazaletes de tantas amatistas
y anillos de esmperaldas destellantes?
¿Por qué empuñan bastones tan preciosos labrados
maravillosamente en oro y plata? 
 
    Porque hoy llegan los bárbaros
    y esas cosas deslumbran a los bárbaros.
 
—¿Por qué los dignos oradores no vienen como siempre
a lanzar sus discursos, a soltar peroratas?
 
    Porque hoy llegan los bárbaros
    y elocuencia y arengas les aburren.
 
—¿Por qué surge de pronto esa inquietud
y confusión? (¡Qué gravedad la de esos rostros!)
¿Por qué rápidamente calles y plazas se vacían
y todos vuelven a casa pensativos?
 
    Porque ya ha anochecido y no llegan los bárbaros.
    Y desde las fronteras han venido algunos
    diciéndonos que no existen más bárbaros.
 
Y ahora ya sin bárbaros, ¿qué será de nosotros?
Esos hombres eran una cierta solución. 
 

jueves, 12 de marzo de 2026

Irene Gruss / Astigmatismo


 

Astigmatismo

Fuera de foco.
No es neblina.
Tiniebla no es.
Árbol superpuesto al bosque,
memoria borroneada, superpuesta
sobre sí misma.
Espejismo: lo que se ve
es ambiguo, tiniebla y
luz: pareciera que
Dios no ha separado nada.
 

martes, 10 de marzo de 2026

Emily Dickinson / 670 [One need not be a chamber—to be haunted—]



 
670 

No es necesario ser un cuarto—para estar embrujado—
ni una casa—
el cerebro tiene corredores—que superan
los lugares materiales—
 

Vale más encontrar a la medianoche
un fantasma visible
que afrontar en el interior—
ese huésped más helado.

Vale más atravesar galopando una abadía
apedreado—
que encontrarse a sí mismo desarmado—
en un lugar solitario—

Ese uno mismo, detrás de uno mismo oculto—
debe sobrecogernos más—
el asesino escondido en nuestro apartamento
será un menor horror.

El cuerpo—busca un revólver—
pone cerrojo a la puerta—
presintiendo un fantasma superior—
o más—