Hilos
«Alguien, a quien jamás he conocido
visita una ciudad que ya no existe.
Sobre mi corazón suenan sus pasos»
(Cita de autor desconocido).
Nadie está suelto. Nadie solo.
Ni el más lejano.
Ni el que visita una ciudad desconocida
y que ahora está en ruinas.
Un visitante también desconocido.
Y sin embargo
desde allí llega un hilo delgadísimo
al que estamos atados.
¿Cómo será?
¿Será posible que uno esté escribiendo
por ejemplo, esta frase, y nos quede inconclusa?
«Tú no verás caer la última gota
que en la clepsidra tiembla».
No veremos entonces el momento
previo, el momento
último. Caerá el papel,
la taza de café, o lo que sea.
O tal vez no.
Podría ser la velita que se apaga
imperceptiblemente
sin que ninguna puerta se cierre
y ninguna se abra.
Imágenes: II
Verde-luz. Verde-sombra.
Sobre hojas al sol, verde translúcidas
se recorta la sombra de otras hojas.
Esa sombra no es negra. Es verde oscuro.
En la pared hay otras dualidades, pero
la pared no es totalmente blanca
y la sombra tampoco es tan negra.
No se oponen en forma tajante.
Conviven al moverse
y aún si no se mueven.
Nada es la Nada, que no puede pensarse
y tampoco es el Ser resplandeciente.
Pero todo sugiere
una imposible luz perfecta
y debajo
tinieblas.
Circe Maia (1932), Dualidades, Rebeca Linke Editoras, Montevideo, 2017.
No hay comentarios:
Publicar un comentario