domingo, 22 de marzo de 2026

Cristina Campo / Un poema

 


Quedó allá, cálida, la vida,
el aire color de mis ojos, el tiempo
en que ardían en el fondo de cada viento
manos vivas, buscándome...

Quedó la caricia que no encuentro.
sino entre dos sueños, mi infinita
sabiduría hecha pedazos. Y tú, palabra
que transmutabas la sangre en lágrimas.

Ni siquiera llevo una cara
conmigo, ya convertida en otra cara
como esfera en el vino y consumida
en los enendidos silencios...

                                            Vuelvo sola
entre dos sueños, allá veo el olivo
rosado sobre las tinajas llenas de agua y luna
del largo invierno. Vuelvo a ti que te hielas

en mi leve túnica de fuego

Cristina Campo (Bolonia, 1923 — Roma, 1977), versión de Jorge Aulicino, publicada en Otra iglesia es imposible; poema originalmente editado en La Tigre Assenza, Adelphi, Milán, 1991.

È rimasta laggiù, calda, la vita,
l’aria colore dei miei occhi, il tempo
che bruciavano in fondo ad ogni vento
mani vive, cercandomi…

Rimasta è la carezza che non trovo
più se non tra due sonni, l’infinita
mia sapienza in frantumi. E tu, parola
che tramutavi il sangue in lacrime.

Nemmeno porto un viso
con me, già trapassato in altro viso
come spera nel vino e consumato
negli accesi silenzi…

                                    Torno sola
tra due sonni laggiù, vedo l’ulivo
roseo sugli orci colmi d’acqua e luna
del lungo inverno. Torno a te che geli

nella mia lieve tunica di fuoco
 

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