domingo, 8 de marzo de 2026

Sor Juana Inés de la Cruz / Tres poemas

 


A la esperanza

Verde embeleso de la vida humana,
loca esperanza, frenesí dorado,
sueño de los despiertos intrincado,
como de sueños, de tesoros vana;

alma del mundo, senectud lozana,
decrépito verdor imaginado,
el hoy de los dichosos esperado
y de los desdichados el mañana:

sigan tu sombra en busca de tu día
los que, con verdes vidrios por anteojos,
todo lo ven pintado a su deseo:

que yo, más cuerda en la fortuna mía,
tengo en entrambas manos ambos ojos
y solamente lo que toco veo.


A su retrato

Este que ves, engaño colorido,
que, del arte ostentando los primores,
con falsos silogismos de colores
es cauteloso engaño del sentido;

éste, en quien la lisonja ha pretendido
excusar de los años los horrores,
y venciendo del tiempo los rigores
triunfar de la vejez y del olvido,

es un vano artificio del cuidado,
es una flor al viento delicada,
es un resguardo inútil para el hado:

es una necia diligencia errada,
es un afán caduco y, bien mirado,
es cadáver, es polvo, es sombra, es nada.


Lámina sirva el cielo al retrato…

Lámina sirva el cielo al retrato,
Lísida, de su angélica forma;
cálamos forme el sol de sus luces,
sílabas las estrellas componga.

Cárceles tu madeja fabrica,
dédalo que sutilmente forma
vínculos de dorados Ofires,
Tíbares de prisiones gustosas.

Hécate, no triforme, mas llena,
pródiga de candores asoma,
trémula no en tu frente se oculta,
fúlgida su esplendor desemboza.

Círculo dividido en dos arcos,
pérsica forman lid belicosa:
áspides que por flechas disparas,
víboras de halagüeña ponzoña.

Lámparas, tus dos ojos, febeas,
súbitos resplandores arrojan;
pólvora que a las almas que llega
tórridas abrasadas transforma.

Límite de una y otra luz pura,
último, tu nariz judiciosa,
árbitro es, entre dos, confinantes,
máquina que divide una y otra.

Cátedras del abril tus mejillas,
clásicas dan a mayo estudiosas
métodos a jazmines nevados,
fórmula rubicunda a las rosas.

Lágrimas del aurora congela,
búcaro de fragancia tu boca,
rúbrica con jazmines escrita,
cláusula de coral y de aljófar.

Cóncavo es, breve pira, en la barba,
pórfido en que las almas reposan;
túmulo les eriges de luces,
bóveda de luceros las honra.

Tránsito a los jardines de Venus,
órgano es de marfil, en canora
música tu garganta, que en dulces
éxtasis aun al viento aprisiona.

Pámpanos de cristal y de nieve,
cándidos tus dos brazos provocan,
Tántalos, los deseos ayunos,
míseros sienten frutas y ondas.

Dátiles de alabastro tus dedos,
fértiles de sus dos palmas brotan;
frígidos, si los ojos los miran;
cálidos, si las almas los tocan.

Bósforo de estrechez, tu cintura,
cíngulo ciñe breve por zona;
rígida (si de seda) clausura,
músculos nos oculta ambiciosa.

Cúmulo de primores tu talle,
dóricas esculturas asombra,
jónicos lineamientos desprecia,
émula su labor de sí propia.

Móviles pequeñeces tus plantas,
sólidos pavimentos ignoran;
mágicos, que a los vientos que pisan
tósigos de beldad inficionan.

Plátano, tu gentil estatura,
flámula es que a los aires tremola;
ágiles movimientos que esparcen
bálsamo de fragantes aromas.

Índices de tu rara hermosura,
rústicas estas líneas son cortas;
Cítara solamente de Apolo
méritos cante tuyos sonora. 

 

 

Sor Juana Inés de la Cruz (San Miguel Nepantla, 1648 o 1651 — Ciudad de México, 1695), Ecos de mi pluma. Antología de prosa y verso, Penguin Clásicos. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario