lunes, 9 de marzo de 2026

Rainer Maria Rilke / Torso de Apolo arcaico: tres versiones


Hacia inicios del siglo XX en el Louvre, ante la presencia de una estatua de Apolo de la que apenas se conservaba el torso —y aunque se dice apenas como si fuera poco, de la humanidad no permanece casi nada; de nosotros, ni los huesos—, Rilke escribió este soneto. Me consta además de que es un poema sostenido en alta estima por Walter Benjamin, a quien resultaba muy caro, e inspiró, de esa forma, una entrada en Calle de dirección única: «TORSO. Únicamente quien supiera contemplar su propio pasado como un producto de la coacción y la necesidad, sería capaz de sacarle para sí el mayor provecho en cualquier situación presente. Pues lo que uno ha vivido es, en el mejor de los casos, comparable a una bella estatua que hubiera perdido todos sus miembros al ser transportada y ya sólo ofreciera ahora el valioso bloque en el que uno mismo habrá de cincelar la imagen de su propio futuro.»

 

Torso arcaico de Apolo

No podemos conocer su legendaria cabeza
con ojos cual fruta madura. Incluso así su torso
yace aún infundido con relumbre desde dentro,
una lámpara, donde su mirada, ahora vuelta tenue,

irradia en todo su poder. De lo contrario
el pecho henchido no podría deslumbrarte, ni tampoco
la sonrisa que corre por las plácidas caderas y muslos
hacia ese oscuro centro donde la procreación solía destellar.

De lo contrario esta piedra parecería carecer de rostro
por debajo de la translúcida cascada de los hombros
y no tendría ese brillo de pelaje de bestia indómita:

y no podría, desde todas las fronteras de sí mismo,
estallar como una estrella: pues ahí no hay lugar
que no te mire. Debes cambiar tu vida.
    
                —Gustavo Osorio de Ita


Torso de Apolo arcaico

No conocemos la inaudita cabeza,
en que maduraron los ojos. Pero
su torso arde aún como  candelabro
en el que la vista, tan sólo reducida,

persiste y brilla. De lo contrario, no te
deslumbraría la saliente de su pecho,
ni por la suave curva de las  caderas viajaría
una sonrisa hacia aquel punto donde colgara el sexo.

Si no siguiera en pie esta piedra desfigurada y rota
bajo el arco transparente de los hombros
ni brillara como piel de fiera;

ni centellara por cada uno de sus lados
como una estrella: porque aquí no hay un sólo
lugar que no te vea. Debes cambiar tu vida.


Torso de Apolo arcaico

No conocemos la inaudita cabeza
en que maduraron sus pupilas. Pero
el torso arde aún igual que candelabro
donde su vista reducida tan sólo

se mantiene y fulge. Si no no podría
cegarte el curvado pecho, ni en el giro
leve del muslo vagara una sonrisa
hacia aquel centro en que gravitaba el sexo.

Si no fuera hermosa esta piedra trunca
bajo la caída clara de los hombros,
no luciera así igual que piel de fiera,

ni irisara desde todos sus contornos
como una estrella: pues ahí no hay un punto
que no te vea. Has de cambiar tu vida.

                —Jaime Ferreiro Alemparte

 Torso arcaico de Apolo. Es viernes lluvioso por la tarde y… | by Martín  Tami | Medium

Rainer Maria Rilke (Praga, 1875 — Raroña, Suiza, 1926); poema originalmente publicado en Segunda parte de los Nuevos Poemas, 1908.

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Archaïscher torso Apollos

Wir kannten nicht sein unerhörtes Haupt,
darin die Augeäpfel reiften. Aber
sein Torso glüht noch wie ein Kandelaber,
in dem sein Schauen, nur zurückgeschraubt,

sich hält und glänzt. Sonst könnte nicht der Bug
der Brust dich blenden, und im leisen Drehen
der Lenden könnte nicht ein Lächeln gehen
zu jener Mitte, die die Zeugung trug.

Sonst stünde dieser Stein entstellt und kurz
unter der Schultern durchsichtigem Sturz
und flimmerte nicht so wie Raubtierfelle;

und bräche nicht aus allen seinem Rändern
aus wie ein Stern: denn da ist keine Stelle,
die dich nicht sieht. Du musst dein Leben ändern. 

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