La sola llama
Cuando pasan las nubes
sobre los quietos árboles y las quietas estatuas
tiempo y abismo son la sola llama
que arde en mi lento ser, de mirada arrobada.
sobre los quietos árboles y las quietas estatuas
tiempo y abismo son la sola llama
que arde en mi lento ser, de mirada arrobada.
Y sigo contemplándolos;
tiempo y abismo aún sobre el torrente intrépido
de luz y sueño y lágrimas, sobre el mar en combate,
sobre la tierra en sombra, más allá de los astros
sobre mi mismo ser,
espejo en sombra y vértigo
de la nube más alta.
Nocturno del destierro
Ya se abre un canto nuevo
nacido en el destierro y el desvelo.
¡Lejos el viento, el mar, la tierra suave
donde aprendí saetas, trances de amor, conciertos,
pastorales perdidas!
Como el ser de los mártires
tan sólo en cielo y sangre ¡ay! revelados,
los vitrales
lejos del día brillante que los atravesaba,
ya duermen entre sombra.
Guarden sus tulipanes
entre cerrados pétalos
este canto, aquel sueño, esta árida vigilia.
¡Y ya no sé de mí — vitral nocturno!
¡Y ya no sé de mí — callada cítara!
Esther de Cáceres (Montevideo, 1903 — Rianjo, España, 1971), «La sola llama» pertenece a Tiempo y Abismo (Ediciones del Río de la Plata, 1965), y «Nocturno del destierro» a Paso de la noche (Losada, 1957).
No hay comentarios:
Publicar un comentario