martes, 7 de abril de 2026

Olvido García Valdés / Cuatro poemas



 
Deslumbra el cielo
si mira fijamente
contra él una flor,
se hace negra y deslumbra.
No habla. Porque son inherentes
al hablar el oír
y el callar. Mira: tomates,
hojas, tallo, tierra. El cielo
es una bóveda, finito
mundo azul sobre el mundo,
los tomates son rojos.
 
• 
 
La muerte es una forma
en algunas pinturas del XV,
una curva que el cuerpo figura
entre quien lo sostiene y su propio
peso. Una curva también
la forma del amor, plegarse
dúctilmente. O de otro modo,
recto, peso muerto sobre paño
verde, mariposas aéreas, amarillas,
o sombra pálida, bullentes.
Tú tenías anillos, dedos en las manos.
 

Girasol, negro párpado, multiplicada
para el deslumbramiento. Somos
solo cautivos,
presencias dentro de otros
que nos llevan. Allá, muy lejos,
el taxista le dijo: discúlpeme,
la ciudad es muy grande, solo
manejo por las orillas. 
 
• 
 
No es fácil, como se dice.
Dedos, puños contra el cristal,
lentitud, ten cuidado. Tristeza
no formulable, salvo las cejas. Ha
de cicatrizar. Hay mente
ya en los ojos —nunca,
nada, alma— y en los puños. 
 
Olvido García Valdés (Santianes de Pravia, Asturias, 1950), de caza nocturna,1997. 

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